Un humedal (conocido como wetland en inglés), se refiere a un sistema acuático somero, en donde generalmente se encuentra vegetación sumergida adaptada a las condiciones de suelo saturado de agua.

Según la convención firmada en la ciudad Ramsar (Irán) para la conservación de los ecosistemas acuáticos (Ramsar, 1971), los humedales se definen como: “las extensiones de marismas, pantanos y turberas, o superficies cubiertas de aguas, sean éstas de régimen natural o artificial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluidas las extensiones de agua marina cuya profundidad en marea baja no exceda de seis metros”.

Figura: Complejo lacustre laguna del Negro Francisco y laguna Santa Rosa, sitio Ramsar en la cordillera de la región de Atacama. Chile.

Figura: Salar de Surire, sitio Ramsar en la cordillera de la región de Arica y Parinacota.

La alimentación de agua en los humedales proviene de la lluvia directa, de los cursos de agua superficial y de los afloramientos de aguas subterráneas. Las salidas de agua, por otra parte, corresponden a la evaporación del agua contenida en el suelo y en la superficie de las lagunas, como también, la transpiración de la vegetación (el agua se pierde a través de las estomas de sus hojas), y en algunos casos a cursos de agua superficial por donde sale el agua que no se evapotranspiró. Estas pérdidas de agua, dependen de la salinidad del agua y del suelo, como de las condiciones atmosféricas dadas por el viento, la temperatura y la humedad del aire.

Figura: Balance hídrico en humedales andinos (Fuente:  
www.investigacion-salares.cl)

En el caso particular de los humedales andinos, éstos se podrían considerar como oasis, ecosistemas hídricos aislados en medio de una zona muy desértica como es la cordillera de los Andes. En Chile, tenemos por una parte los sistemas de lagunas salobres y saladas con vegas y bofedales del altiplano chileno (conocidas como salares); y por otra, los sistemas de lagunas dulces con vegetación hidrófita de la cordillera de la zona centro-norte.

Figura: Salar de Tara, sitio Ramsar en la cordillera de la región de Antofagasta, Chile.
Figura: Humedal Piedra Carvajal, en la ribera del estero Yerba Loca, en Mapocho alto, zona cordillerana de la región Metropolitana, Chile.

Estos ecosistemas acuáticos albergan una gran biodiversidad de especies adaptadas a las condiciones extremas de la cordillera de los Andes. Entre ellas están la avifauna, con grupos de aves migratiorias que llegan durante el verano austral, entre ellas destaca el flamenco. También, son zonas de forrajeo y abrevadero de especies cordilleranas, como llamas, guanacos, pumas, gatos andinos, cóndores, vizcachas, entre otros.

De la disponibilidad de agua depende la conservación de estos ecosistemas acuáticos, existiendo dos tipos de amenazas que podrían poner en peligro su permanencia en el tiempo. Por una parte, las extracciones de aguas superficiales y subterráneas en el entorno de estos sistemas, que reducen los aportes de agua que llegan a las lagunas; y por otra parte, el cambio climático, el cual altera el balance hídrico de estos sistemas, por cambios en las tasas de precipitación y evaporación.

Es preciso entonces, desarrollar planes específicos de monitoreo, adaptación y remediación, para estos ecosistemas acuáticos que sustentan la vida en la cordillera de los Andes.

Referencias:

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